A las tierras sin nombres y sin númerosbajaba el viento desde otros dominios,traía la lluvia hilos celestes,y el dios de los altares impregnadosdevolvía las flores y las vidas.
En la fertilidad crecía el tiempo.
El jacarandá elevaba espumahecha de resplandores transmarinos,la araucaria de lanzas erizadasera la magnitud contra la nieve,
el primordial árbol caobadesde su copa destilaba sangre,

y al Sur de los alerces,el árbol trueno, el árbol rojo,el árbol de la espina, el árbol madre,
el ceibo bermellón, el árbol caucho,eran volumen terrenal, sonido,eran territoriales existencias.Un nuevo aroma propagadollenaba, por los intersticios
de la tierra, las respiracionesconvertidas en humo y fragancia:el tabaco silvestre alzabasu rosal de aire imaginario

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